Sepelios: la practicidad se impone para elegir el destino final de los seres queridos

 

A lo largo de la historia, las sociedades han encontrado distintas formas de homenajear a sus fallecidos. Una de esas fue darle un entierro con lujos y pompa. Pero esto comenzó a cambiar desde hace unos años, y los hombres y mujeres han decidido que la muerte no necesariamente estaría ligada a homenajear al/la fallecido/a.

En la ciudad de Buenos Aires se emplazan cinco cementerios: Chacarita, Flores, Recoleta, Alemán y Británico (que funcionan dentro del predio de Chacarita). Todos ellos reciben las más de 20.000 personas que fallecen por año.

 

Con el paso de los años, la esperanza de vida es cada vez más alta. Asimismo, de 26.965 fallecidos en 2009, se pasó a 24.082 en 2018 en la Ciudad de Buenos Aires. Héctor Casais, director de la empresa funeraria y de sepelios homónima, ubicada en Parque Patricios, afirma que «esta empresa y la mayoría de mis colegas, trabajamos el 50% de lo que trabajábamos hace 4, 5 o 6 años. Acá el 70% de los fallecidos que son nuestros clientes son gente de 80,85 años».

 

En el gráfico se observa la amplia diferencia entre los cuatro tipos de sepultura existentes a lo largo del período 2009-2018. A su vez se perciben las variaciones internas en cada tipo de sepultura a lo largo de ese lapso de tiempo

A partir de estos aspectos surge una incógnita: ¿por qué cada vez son más quienes eligen lugares de entierro sencillos y austeros en vez de un lugar con mayor magnitud como años antes?

Hay varios factores que intervienen: uno son los cambios culturales, de creencias y económicos que fueron ocurriendo durante estos años. Casais enfatiza que antes las familias interpretaban que el difunto se merecía un servicio especial con un buen ataúd, y lo mejor dentro de sus posibilidades económicas. Hoy eso no es así según él, sino que las familias más adineradas escogen el servicio mínimo y más barato, sin plantearse otras posibilidades. La mayoría de las consultas por servicios funerarios de su empresa se realizan por teléfono.

En los cementerios hay cuatro tipos de sepultura:

Nicho ataúd, restos o cenizas: son cavidades de una construcción funeraria para la inhumación de un cadáver, restos o cenizas, cerradas con una losa o tabique, construidos bajo la modalidad de galerías.

Héctor Casais argumenta que uno de los motivos es el costo económico que implica un nicho. Afirma que «si va a nicho según el cementerio hay distintas épocas donde vence el plazo y también hay que cremarlo, volverlo a poner en una urna y arrendar un nicho. Siempre implica plata».

Respecto de la sepultura en tierra,la misma implica cualquier lugar destinado a la inhumación de cadáveres o restos cadavéricos dentro de un cementerio, en excavaciones practicadas directamente en tierra.

Se puede visualizar en este gráfico que desde el 2010 hasta el 2011 hubo un descenso súbito en la cantidad de y luego comenzó a repuntar hasta el 2017 cuando comenzó a descender nuevamente. Esto tiene varias explicaciones posibles relacionadas con factores económicos y emocionales. Casais apunta mayormente a los segundos argumentando que «a los 3 o 4 años dependiendo el plazo que maneje cada cementerio respecto del tiempo que puede estar un cuerpo en la tierra, cuando ese plazo vence el cementerio tiene la obligación de levantarlo, tiene que estar la familia presente y los restos hay que llevarlos a cremar» Aseguró a su vez que «así no se termina nunca el problema de la muerte de la persona».

Las bóvedas son el tercer tipo de sepultura y se definen como el monumento funerario destinado a la inhumación de cadáveres, restos o cenizas pertenecientes a un grupo familiar. Esto reduce fuertemente la posibilidad de que un fallecido/a sea depositado allí, ya que sólo podrá si su familia posee una bóveda. Al dialogar con Héctor Casais sobre esto planteó que, según su visión, antiguamente el motivo de tener una bóveda era la preocupación del nucleamiento familiar, que con este sistema estaba asegurado, y de esta forma, en vida y muerte el jefe de familia podía tener a la familia reunida.

Este sistema era uno de los predilectos hace años pero por varias razones dejó de serlo. Desde 2009 hasta 2016 solo tuvo cortos períodos de subida, pero desde ese año hasta 2018 sólo tendió al descenso.

En el gráfico se observa este descenso progresivo y luego abrupto. En 2009, 491 fallecidos fueron colocados en bóvedas, mientras que en 2018, sólo 267 fueron colocados en este sistema. Esto muestra una marcada disminución en la cantidad.

Esto se da por varios aspectos. Respecto del descenso en la cantidad de fallecidos ubicados en bóvedas Casais explicó que «a los hijos y a los nietos no les importa, y si van a Chacarita o Recoleta van a encontrar más de mil bóvedas que están abandonadas con los cuerpos adentro».

Por último tenemos el panteón, un monumento funerario destinado a la inhumación de cadáveres, restos y/o cenizas pertenecientes a los afiliados de una asociación civil. En 2009, 851 fallecidos fueron colocados en panteones, mientras que en 2018, sólo 513 tuvieron ese destino. Esto marca un descenso fuerte. Hay varias razones para esto que son en parte económicas y en parte por motivos similares a los del descenso en el uso de bóvedas (falta de interés en el homenaje al difunto).

El diagrama muestra cómo los valores tuvieron un descenso brusco entre 2010 y 2011. A partir de 2012 hasta 2016 se mantuvieron con altas y bajas medianas, y a partir de aquel año, sólo tendieron a bajar.

Durante el período 2009-2018, estas cuatro opciones han sido reemplazadas por la cremación que implica darle otro destino al fallecido. Según Casais, se han trastocado los valores espirituales y eso ha llevado a que la gente no vele a sus fallecidos y los lleve directamente a cremación, también por cuestiones de «practicidad». Según él, «algunos tenían el deseo de ser llevados al mar, o a una cancha de fútbol, y eso se hace en algunas oportunidades pero ahora se está tomando la moda de llevarlos a las iglesias porque allí están bajo la protección de la virgen.

Las sociedades cambian con el paso del tiempo. De la pompa fúnebre se ha pasado a un cierto desinterés por el destino de los/las fallecidos/as. A pesar de lo que se ha avanzado en ciertas cosas, los seres humanos siguen teniendo a la muerte como un tabú, aquello de lo que no se habla. Es la otra cara de la moneda de la vida, su consecuencia y aún así, se la guarda en un cajón, para no darle importancia.

Por Ana Ilutovich y Axel Aina Grimaldi
Datos utilizados: Cadáveres ingresados por tipo de sepultura según cementerio. Ciudad de Buenos Aires. Años 2001/2018
https://www.estadisticaciudad.gob.ar/eyc/?p=73801

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