28 de octubre de 2020

La cuarentena no frenó la violencia de género

A partir del 19 de marzo el presidente Alberto Fernández decretó el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio en la Argentina, a causa de la pandemia del Covid-19. Los casos de violencia de género denunciados a la línea 137, que en un principio disminuyeron, volvieron a aumentar para fines de ese mes.

La línea 137 es utilizada para denuncias de casos de violencia de género a nivel nacional
La línea 137 es utilizada para denuncias de casos de violencia de género a nivel nacional

La línea 137 es utilizada para denuncias de casos de violencia de género a nivel nacional. A partir de la suba de los llamados que se registraron en la cuarentena, el grupo más afectado por la violencia de género fue el de las mujeres adolescentes. Los agresores, en un 39%, fueron familiares directos (padres, hermanos, tíos). Además, no solo son personas argentinas (84%) las que sufren violencia, sino también extranjeras (16%) que viven en el país. Durante febrero, los casos registrados por el Gobierno de la Nación Argentina, fueron diarios. La situación no cambió para marzo, y los días de cuarentena. En el siguiente gráfico vemos los agresores, las nacionalidades y el género de las víctimas.

La violencia está en todos lados

María Valoy, encargada del Centro de Ayuda a la Familia y licenciada en Ciencia de la Familia, precisó que hay distintos tipos de violencia: física, psíquica, económica y sexual. Pese a esos tipos de flagelos, las mujeres tienen miedo de denunciar a su victimario. Sin embargo, con la cuarentena obligatoria, las denuncias subieron entre las que logran romper esa barrera. Eso contó desde la ONG en Ituzaingó, Corrientes. Valoy mencionó que la gente de las ciudades se anima a denunciar más. “Esto se debe a mayor concientización de la situación y el anonimato que se genera al ser uno más en una masa enorme de ciudadanos que no se conocen entre sí”, explicó la encargada de la ONG y agregó: “En cambio, en los pueblos no pasa eso. La gente se saluda entre sí aunque no se conozcan, porque de algún modo te terminan conociendo por la poca densidad poblacional del lugar. Entonces, al conocerse, no se animan a denunciar situaciones de violencia. Pasa mucho por el que dirán, que termina persiguiendo a las víctimas”.

Hablar de un pueblo es distinto. ¿Qué pasa en la ciudad? Verónica Martínez, Licenciada en Psicología Social (M. N. 422225), habló de los noviazgos y las situaciones de violencia. “Últimamente en ambos géneros se ven actitudes como las de revisar los celulares, los mensajes, con quien estás, a quien llamás, límites de las personas con las que te podés vincular. Por parte del hombre, muchas veces también, le prohíbe a su pareja vestirse de ciertas formas que es detonante de conflictos. Los celos extremos generan una total autoridad sobre la vida de la víctima”, expuso Martínez y agregó: “También podemos ver con “normalidad” que las parejas se insultan y se agreden verbalmente de manera constante. Las drogas también potencian todas estas situaciones anteriores. También pasa que hay mujeres que tienen un patrón de involucrarse, de manera inconsciente, con parejas que tienen los mismos inconvenientes que las anteriores”.

El trabajo con las víctimas de violencia de género

En relación a su trabajo, Martínez planteó que los psicólogos sociales no solo evalúan al individuo, sino también a su entorno, y determinan cuáles fueron sus matrices de aprendizaje. “Se puede realizar un tratamiento que fortalezca a esa persona con ese grupo. Los vínculos nos sanan o nos dañan. Y las actitudes de violencia son el resiliente de esos vínculos que no funcionan como corresponde. Tenemos mucho que avanzar como sociedad porque nos cuesta actuar de manera consciente’’, mencionó. El 90% de las veces, las personas actúan de manera emocional y esto lleva a las mismas a generar conflictos sociales y personales. Todo lo aprendiendo durante la infancia se transforma en mecanismos de defensa. “Muchas veces la violencia sucede cuando las mujeres se sienten amenazadas o su autoestima no está en el nivel que corresponde. También hay violencia económica de por medio, ya que no saben cómo terminar esa relación y arrancar una nueva vida. También son amenazadas con no ver más a sus hijos. Lo que tenemos que lograr es que la mujer pueda tomar la decisión, por determinación propia, de romper con esa relación que no va más. Pero los años de vivencia con esa pareja, bajo un halo de violencia psicológica constante, no le permiten a la mujer poder tomar esa decisión y aprender que hay otra manera de vivir”, agregó la Licenciada Martínez.

En base a esto, Valoy contó su trabajo en la ONG, que se centra en el acompañamiento y contención emocional con mujeres vulnerables y víctimas en grupos. Algunas son derivadas de la justicia y otras llegan de manera voluntaria. También trabajan en la contención de hombres con problemas de ira. Sucede que varias mujeres son reincidentes y vuelven a caer en una relación en la que sufren violencia de género. Lo mismo con los hombres, que cambiaban de pareja, pero repetían su accionar violento contra la mujer. Hay mujeres que no quieren romper con la relación y entonces hacen caso omiso a las restricciones perimetrales que les impone la justicia. Frente a estos casos, en el siguiente gráfico, se distinguen los distintos tipos de violencia que sufren las víctimas.

Denuncias de violencia en cuarentena

En relación a las denuncias durante la cuarentena, Valoy relató que ‘’había un desconocimiento de que se podía romper la cuarentena para denunciar’’. La Licenciada Martínez, en consonancia con los dichos anteriores, expresó que “lo que veíamos en la sociedad, ahora lo vemos dentro de los domicilios”, y agregó: “Cuando empieza a notar los signos de violencia, automáticamente hay que acudir a los números de emergencia. La cuarentena hace que se vuelva más peligroso para las personas que sufren de la violencia”.

Haciendo un análisis de la realidad actual a nivel social, y cómo influye eso luego en las acciones individuales, Martínez manifestó: “Estamos viendo una sociedad cada vez más violenta, donde una persona ve como un delincuente ataca a otra y decide actuar. Es una reacción desde cosas que nos vienen haciendo mal desde lo político, lo social, la familia, la pareja y todo esto termina estallando por algún lado. Estalla en la familia y en la sociedad. Lo que hace la cuarentena es potenciar todo esto porque aquellas parejas violentas están pasando más tiempo dentro del hogar. Con la cuarentena no hay lugar a donde ir, donde escapar. No tienen el tiempo porque no lo han hecho nunca antes y no logran interactuar, replantear o trabajar cosas de la pareja. Lamentablemente también hay personas que son sometidas y no tienen la actitud para poder afrontarlo. Entonces, un empujón u otra agresión, por el hecho de ‘no querer pelear’, no deben dejarlo pasar. Porque arranca por eso y devienen en cosas más graves”.

La lucha es de todos

Según la Real Academia Española, la violencia de género es definida como un tipo de violencia física o psicológica ejercida contra cualquier persona o grupo de personas sobre la base de su orientación sexual, sexo o género que impacta de manera negativa en su identidad y bienestar social, físico, psicológico o económico. La lucha contra la violencia de género es de todos, de hombres y mujeres, de grandes y chicos, porque si no luchamos nosotros, ¿quién nos salva? Los números muestran que esto no se acaba solo.

Después de analizar los datos recabados, y hablar con personas involucradas en la materia, se puede concluir que el camino por delante es muy largo y empinado aún. Hay conceptos del pasado que nunca se fueron y se transforman en argumentos válidos, por parte de los agresores, para imponer su violencia sobre las víctimas.

La solución de fondo no es una simple tobillera para el agresor, o un botón anti pánico para la víctima. Se trata de generar herramientas interdisciplinarias para que el violento no reincida en sus actos y que la mujer no naturalice el calvario que vive.

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